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miércoles, 19 de mayo de 2010
martes, 18 de mayo de 2010
Taller Literario de la Universidad Tecnológica Nacional y Asociación Tribunales
CARLOS DANIEL LAURANS

HABÍA UNA VEZ...
Un hombre que necesitó soledad para reencontrarse a si mismo, restañar heridas y enfrentar sus miedos.
Así, se construyó un lugar con mucha luz, rodeado de árboles donde convivía con pájaros en libertad y en el cual podía vibrar absolutamente en paz.
Lentamente fue asentándose la calma en su interior y en forma natural, leyendo, meditando, comprendió la importancia de sembrar ideas para ayudar a la gente. Entonces se transformo en jardinero.
Una mañana de sol estaba de rodillas cultivando sus flores, cuando vió llegar a una princesa.
Era rubia, de belleza serena, con anteojos de intelectual. Muy dulce y con carita de cansada.
Él la hizo sentar y trató que se sintiera cómoda. Quizo que descansara, la invitó a tomar algo y conversaron. Ella, sin saber por qué, sin conocerlo, empezó a contarle las cosas que le complicaban la vida.
Al fin se fue muy aliviada y él, quedó pensando en la suerte que tendría un hombre si llegara una mujer así a su vida.
Pasó el tiempo y un día, mensajero de por medio, volvieron a encontrarse.
Él llegó creyendo tener que contenerla y se encontró con una mujer espléndida.
Con sus conflictos manejados y fiel a su esencia, de inmediato se abrió completamente. Mostró su casa, hablo de los hijos, demostrando una tremenda fuerza interior, y sin darse cuenta a su vez de que estaba convirtiendo a un jardinero en poeta.
Él le ofreció su corazón, ella sonriendo tocó su mano y quedaron definitivamente enlazados.
Todavía se los sabe ver, caminando lentamente y en cada ocasión que aparecen, fluye la luz y el amor.
REENCUENTRO
¡Tenemos que encontrarnos!, se dijeron casi al unísono por teléfono.
Y allí fueron, aquellos separados por la vida y elecciones equivocadas, al mismo bar de entonces.
Todo había cambiado. Otros dueños, decorados diferentes y hasta la clientela era mucho mas joven.
Pero nada les importaba. Solo ellos, con impulsos contenidos conversaban:
¿Cómo estás? Contame tu vida!
¿Y vos, te casaste, tenes hijos?
Allí fue que comenzaron las coincidencias. Parecia que todas las circunstancias ayudaron al reencuentro.
Y así salieron, con el rostro jubiloso, como si hubiesen reencontrado sus sueños de golpe.
Ese día, dos pequeños engranajes del universo comenzaron a girar en sintonía.
Ese día, nuevamente, se había renovado el milagro del amor.
Carlos Daniel Laurans
Santa Fe – Otoño 2010
Tel: 154-227-569
e-mail: carlosdlaurans@yahoo.com.ar
Taller Literario de la Universidad Tecnológica Nacional y Asociación Tribunales.
___________________________________________________________
CARLOS MAGRÁN
TESTIGOS
Aún me saludan en su hogar de barrancas
los añejos cipreses, enamorados del río callado.
Ellos guardan mis charlas con viejos amigos.
En su cofre verde custodian mi infancia
con jubiloso rostro
indiferente a los años.
Karlos
Magrán Carlos
Tucumán 3355
Tel: 154329417
___________________________________________________________
ALBERTO F. TROSSERO
Esa mañana algo era distinto. Los árboles, las plantas que conocían ya no estaban. Todo había sido reemplazado por un verdor fluorescente. Los hombres salieron a descubrir la nueva naturaleza, a hacerla suya. Se sentaron en la hierba, acariciaron las hojas y las cortezas. Pero al hacerlo se volvieron parte de ellas mismas. Se quedaron quietos, movidos sólo por el viento. Y de a poco les crecieron hojas, lianas, rizomas. La carne se volvió rama y el hueso, tronco. El pensamiento, un reflejo.
Algunos desconfiados sobreviven. Vagan por los lugares donde la invasión no llegó, con los restos, llorando todavía a los que perdieron. Están buscando un lugar donde el antiguo verde aún resista.
albertoft@yahoo.com.ar
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MARTA RODIL

HABÍA UNA VEZ...
Un hombre que necesitó soledad para reencontrarse a si mismo, restañar heridas y enfrentar sus miedos.
Así, se construyó un lugar con mucha luz, rodeado de árboles donde convivía con pájaros en libertad y en el cual podía vibrar absolutamente en paz.
Lentamente fue asentándose la calma en su interior y en forma natural, leyendo, meditando, comprendió la importancia de sembrar ideas para ayudar a la gente. Entonces se transformo en jardinero.
Una mañana de sol estaba de rodillas cultivando sus flores, cuando vió llegar a una princesa.
Era rubia, de belleza serena, con anteojos de intelectual. Muy dulce y con carita de cansada.
Él la hizo sentar y trató que se sintiera cómoda. Quizo que descansara, la invitó a tomar algo y conversaron. Ella, sin saber por qué, sin conocerlo, empezó a contarle las cosas que le complicaban la vida.
Al fin se fue muy aliviada y él, quedó pensando en la suerte que tendría un hombre si llegara una mujer así a su vida.
Pasó el tiempo y un día, mensajero de por medio, volvieron a encontrarse.
Él llegó creyendo tener que contenerla y se encontró con una mujer espléndida.
Con sus conflictos manejados y fiel a su esencia, de inmediato se abrió completamente. Mostró su casa, hablo de los hijos, demostrando una tremenda fuerza interior, y sin darse cuenta a su vez de que estaba convirtiendo a un jardinero en poeta.
Él le ofreció su corazón, ella sonriendo tocó su mano y quedaron definitivamente enlazados.
Todavía se los sabe ver, caminando lentamente y en cada ocasión que aparecen, fluye la luz y el amor.
REENCUENTRO
¡Tenemos que encontrarnos!, se dijeron casi al unísono por teléfono.
Y allí fueron, aquellos separados por la vida y elecciones equivocadas, al mismo bar de entonces.
Todo había cambiado. Otros dueños, decorados diferentes y hasta la clientela era mucho mas joven.
Pero nada les importaba. Solo ellos, con impulsos contenidos conversaban:
¿Cómo estás? Contame tu vida!
¿Y vos, te casaste, tenes hijos?
Allí fue que comenzaron las coincidencias. Parecia que todas las circunstancias ayudaron al reencuentro.
Y así salieron, con el rostro jubiloso, como si hubiesen reencontrado sus sueños de golpe.
Ese día, dos pequeños engranajes del universo comenzaron a girar en sintonía.
Ese día, nuevamente, se había renovado el milagro del amor.
Carlos Daniel Laurans
Santa Fe – Otoño 2010
Tel: 154-227-569
e-mail: carlosdlaurans@yahoo.com.ar
Taller Literario de la Universidad Tecnológica Nacional y Asociación Tribunales.
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CARLOS MAGRÁN
TESTIGOS
Aún me saludan en su hogar de barrancas
los añejos cipreses, enamorados del río callado.
Ellos guardan mis charlas con viejos amigos.
En su cofre verde custodian mi infancia
con jubiloso rostro
indiferente a los años.
Karlos
Magrán Carlos
Tucumán 3355
Tel: 154329417
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ALBERTO F. TROSSERO
Esa mañana algo era distinto. Los árboles, las plantas que conocían ya no estaban. Todo había sido reemplazado por un verdor fluorescente. Los hombres salieron a descubrir la nueva naturaleza, a hacerla suya. Se sentaron en la hierba, acariciaron las hojas y las cortezas. Pero al hacerlo se volvieron parte de ellas mismas. Se quedaron quietos, movidos sólo por el viento. Y de a poco les crecieron hojas, lianas, rizomas. La carne se volvió rama y el hueso, tronco. El pensamiento, un reflejo.
Algunos desconfiados sobreviven. Vagan por los lugares donde la invasión no llegó, con los restos, llorando todavía a los que perdieron. Están buscando un lugar donde el antiguo verde aún resista.
albertoft@yahoo.com.ar
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MARTA RODIL

Del mundo del facebook al manzano de Wislawa Szimborska
(Conclusión del último encuentro del Taller)
Pasarela de rostros y de fachas,
de ¿qué tal, vos? y pura imagen
que se multiplica como tenia saginata
de un vientre a otro.
¿Será posible encuadrar la brújula,
ir más allá de la epidermis,
insistir como cuchara en la sopa
o como el timbre de tu casa
que suena y resuena
porque no se resigna a abandonarte?
Pedirle al rizoma de la tierra antigua
que prenda en mundos nuevos.
Despojarse del ruido y la chatarra
y acudir bajo el manzano de Wislawa
a encontrarse con el ser y su silencio.
Amasar harina o barro,
quizá recuperar el mantel o el delantal
manchados de trajines jubilosos.
Sosegar el caballo enloquecido
por tanto vértigo y progreso tecno.
Desprenderse de maletas y atavíos,
rastrear en el enigma frutal
la esencia que es añeja y es futura.
Buscarse en el perfil encandilado
por el amor o la utopía,
tal la abeja que descubre
el camino del polen y su razón de vida.
martarodil@gigared.com
_________________________________________________________
LUIS LOPEZ

ALLÁ EN EL MONTE
Mas que jubilosos estaba por aquellos parajes lejanos, sí, tanto en el tiempo como geográficamente, que de improviso me sentía inmerso en esa vorágine verde con su gente no cabe duda agreste; un mundo nuevo para mi. Yo había sido incorporado para el trabajo para el trabajo en un aserradero con apenas veinte años y servicio militar recién cumplido, quedaba en la libertad, que no tenía por parte de mis padres.
Comienza la temporada de lluvia y es todo fangal caminos y sendas por donde se baja la madera el monte, sean bueyes o camiones no logran pasar. Así fue que el largo momento de ocio obligado me impulso a sentarme a la mesa e mis nuevos compañeros. Pegado estaba yo a la madera de los árboles, e momento que asociaba, árboles igual a libertad. Árboles que todo lo cubren con su presencia acogedora y a la vez lujuriosa con sus silencios, que todo lo aquietan. Domesticar tanta potencia a la larga se logra con secuelas nefastas, ya que los beneficiarios de tanto ultraje sistematizado, son incapaces de implementar con cierto tacto un plan de recupero por tanta depredación.
Pero esto, ¿vos que te importaba? No se si tan bien había perdido la brújula, todo paso pronto, pero fueron momentos mas que inolvidables desde mi juventud.
Luis Lopez
155468049
(Conclusión del último encuentro del Taller)
Pasarela de rostros y de fachas,
de ¿qué tal, vos? y pura imagen
que se multiplica como tenia saginata
de un vientre a otro.
¿Será posible encuadrar la brújula,
ir más allá de la epidermis,
insistir como cuchara en la sopa
o como el timbre de tu casa
que suena y resuena
porque no se resigna a abandonarte?
Pedirle al rizoma de la tierra antigua
que prenda en mundos nuevos.
Despojarse del ruido y la chatarra
y acudir bajo el manzano de Wislawa
a encontrarse con el ser y su silencio.
Amasar harina o barro,
quizá recuperar el mantel o el delantal
manchados de trajines jubilosos.
Sosegar el caballo enloquecido
por tanto vértigo y progreso tecno.
Desprenderse de maletas y atavíos,
rastrear en el enigma frutal
la esencia que es añeja y es futura.
Buscarse en el perfil encandilado
por el amor o la utopía,
tal la abeja que descubre
el camino del polen y su razón de vida.
martarodil@gigared.com
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LUIS LOPEZ
ALLÁ EN EL MONTE
Mas que jubilosos estaba por aquellos parajes lejanos, sí, tanto en el tiempo como geográficamente, que de improviso me sentía inmerso en esa vorágine verde con su gente no cabe duda agreste; un mundo nuevo para mi. Yo había sido incorporado para el trabajo para el trabajo en un aserradero con apenas veinte años y servicio militar recién cumplido, quedaba en la libertad, que no tenía por parte de mis padres.
Comienza la temporada de lluvia y es todo fangal caminos y sendas por donde se baja la madera el monte, sean bueyes o camiones no logran pasar. Así fue que el largo momento de ocio obligado me impulso a sentarme a la mesa e mis nuevos compañeros. Pegado estaba yo a la madera de los árboles, e momento que asociaba, árboles igual a libertad. Árboles que todo lo cubren con su presencia acogedora y a la vez lujuriosa con sus silencios, que todo lo aquietan. Domesticar tanta potencia a la larga se logra con secuelas nefastas, ya que los beneficiarios de tanto ultraje sistematizado, son incapaces de implementar con cierto tacto un plan de recupero por tanta depredación.
Pero esto, ¿vos que te importaba? No se si tan bien había perdido la brújula, todo paso pronto, pero fueron momentos mas que inolvidables desde mi juventud.
Luis Lopez
155468049
sábado, 15 de mayo de 2010
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